En Muriel hay historias que no siempre aparecen en las botellas, pero que ayudan a entender muy bien lo que somos. La de José Luis es una de esas: una trayectoria construida entre trabajo, familia y una casualidad que, con el tiempo, encajó como pocas.
Lleva 10 años, “caminando hacia el 11”, como él mismo dice, en el área de producción y compras. Un puesto donde el ritmo no se detiene: cada día trae algo distinto, desde nuevos proyectos hasta imprevistos que resolver. Es precisamente eso lo que más valora: la ausencia total de rutina y la confianza en el día a día del equipo.
Su vínculo con el vino llegó antes de Muriel, entre vendimias, podas y escardas junto a su suegro. Después trabajó en otros sectores, pero esta fue su primera experiencia en bodega: un entorno que, según cuenta, engancha por la pasión que lo mueve todo. Y hay una anécdota que resume bien el giro de guion: un día, paseando por Laguardia, su mujer comentó al ver la bodega que “qué bodega tan bonita… ¿te imaginas trabajando ahí?”. Hoy, unos años después, no solo trabaja en Muriel, sino que además comparte proyecto profesional con ella.
Fuera del trabajo, lo tiene claro: deporte, un buen asado con amigos, familia y viajar. Sin grandes complicaciones, pero con las cosas bien ordenadas.
Conocerle es también entender una parte de cómo trabajamos en Bodegas Muriel.
Su historia es la nuestra.